Deslumbrado

José Luis Rey, Caligrafía del fuego. La poesía de Pere Gimferrer (1962-2001). Valencia, Pre-Textos, 2006. 450 ps.

En general los críticos que han estudiado la obra de Pere Gimferrer han prestado más atención a la poesía escrita en una u otra lengua, español y catalán; y hasta hace poco la cronología ayudaba. Ya no. Con las últimas publicaciones se desmorona esta cómoda división, semejante, pero inversa, a la que marcó el destino de Ors. Como dotado de una singular premonición José Luis Rey abordó en su tesis el estudio de esta poesía en la riqueza de su complejidad, como un todo, como si la escrita en una y otra lengua fuera preparación y diálogo. Como lo que es. Premiada con el “Gerardo Diego” nos llega en cuidada edición.

Dividir esta obra en tres etapas es tentador y útil. Solución muy frecuente entre los estudios de crítica e historia literarias escritos al hispánico modo, heridos del mal de la “generacionitis”, y enamorados de las particiones trimembres. Como dijo Marina Tsvetaeva no tiene derecho a opinar sobre un poeta quien no ha leído todos y cada uno de sus versos, puesto que la creación artística es sucesión y gradualidad. José Luis Rey los ha leído y nos restituye un orden gradual. El simplismo del método puede oscurecer la sofistificación de la obra (y del análisis de Rey), la profunda interrelación entre un período y otro, entre géneros –prosa y poesía–, entre lenguas. Para Rey los tres primeros libros en español se estructuran en torno a un tema central: “la obra poética misma y el estudio de su capacidad para albergar o no al sujeto.” La poesía en catalán de los años setenta –una segunda etapa– agudiza la crisis, puesto que el poeta se centra en “el sujeto poético y su relación con el mundo.” En una tercera etapa, esta poesía “en la luz del amor y el vendaval de una escritura salvada” (sic) crea un espacio mediante el amor.

El autor confiesa en el “Prólogo” –breve y justo– que leyó esta poesía en dirección inversa, empezando por su obra más reciente, hasta recuperar la poesía de los sesenta: “el viaje inverso, desde la luz al origen acabó por deslumbrarme.” Y añade que estas páginas son “la crónica de una devoción”. Son, por fortuna, mucho más que esto. Siguiendo en parte el camino desbrozado por el añorado crítico británico Arthur Terry, Rey utiliza un paradigma filosófico ancorado en la fenomenología para leer la poesía de Gimferrer, recurriendo en muchas ocasiones al Dietari (aunque así devalúa este texto fundamental). Obtiene resultados notables para explicar y leer con autoridad, los dos mejores libros de Gimferrer en verso:L’espai desert y Mascarada. Del primero no tiene reparos en afirmar que debe ser considerado como uno de los títulos centrales de la poesía hispánica del siglo XX, junto con Espacio de Juan Ramón Jiménez yPiedra de sol de Octavio Paz. Buena compañía para un poeta que deslumbra.

Enric Bou

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